Juan Vargas, ¡qué tipo! Es el personaje principal de “La Ley de Herodes”, dirigida por Luis Estrada en 1999. Su vida es el reflejo del dicho “si no puedes contra el enemigo, únete a él”. Explico mejor.
Después del linchamiento del Presidente Municipal de un pequeño pueblo en México, el Lic. López designa a “Varguitas” como interino para que se haga bolas en el cargo hasta las próximas elecciones. El hombre llega a San Pedro de los Saguaros con la intención de materializar el discurso del presidente Miguel Alemán, llevar la modernidad y la justicia social. Sin embargo, se encuentra con un oscuro escenario…no hay dinero, no hay infraestructura, no hay recursos humanos. La única ayuda que le proporcionan es un pin de su partido político, un libro que contiene la Constitución Política y las leyes federales, una pistola, y los consejos siguientes: “tú eres la autoridad, Varguitas”, “aquí es la ley de Herodes (…)”. Después de poco tiempo aprendió a participar en el juego de la corrupción, que en el filme aparece como “oficial” e “institucionalizada”. La Constitución y las leyes las interpreta a su modo, muy a su modo, y con el arma logar intimidar a la gente para “hacer respetar a la autoridad”.
Es interesante cómo el filme refleja la conexión entre el representante de la iglesia y el representante del Estado. Ambos corruptos, el sacerdote y el Presidente Municipal se ayudan el uno al otro.
Así, “Varguitas” resulta ser mucho menos tonto de lo que López pensó. Logró hacer una fortuna en el pueblo al que nadie quería ir, así que el jefe acude a recaudar el dinero porque le era necesario para el movimiento contra su competidor para la gubernatura. Luego de una escena llena de drama en la cual uno piensa que es el final de la vida de los corruptos, Estrada nos sorprende con la escena final donde Vargas está dando un discurso como diputado federal, al final del cual dice: “el reto para nuestro partido, por el bien del país, es estar en el poder por siempre y para siempre”, lo cual ilustra extremadamente bien la transformación del hombre honesto en político sucio, empapado por las aguas negras del juego político que retrata la película.
Creo que el reto para todas las personas el día de hoy es nadar contra la corriente como hacen los salmones en el Namsen de Noruega. Otra vez, me explico mejor.
Nadar a favor de la corriente es fácil, sólo es cosa de dejarse llevar por la fuerza del agua, no se necesita ser muy brillante; en cambio nadar a contra corriente requiere fuerza y habilidad. Ir en contra de lo que es habitual en la mayoría es muy difícil y sólo lo hacen quienes buscan con ahínco un objetivo que es difuso en medio de gente que se ha conformado con estereotipos y prejuicios. Juan Vargas perdió la lucha y dejó de nadar porque se dio cuenta de que dejándose llevar sus bolsillos se llenaban de billetes y el río lo llevaba hasta la desembocadura con el mar. Yo estoy convencida de que hoy existen más personas que fueron a clases de natación cuando eran pequeñitos, y que luego en sus hogares y en los recintos donde han recibido instrucción les han seguido enseñando las técnicas del salmón.
Me desvié de la idea original que tenía planeada para esta Vosrtellung, pero no importa, digamos que Juan Vargas es un salmón de triste estampa ;)
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