Existe una desarticulación entre los objetivos y las acciones realizadas por el Estado, las empresas y las Instituciones de Educación Superior, provocada -entre otras cosas-, por el escaso diálogo y la desconfianza entre estos actores. Esto incide en que la visión de largo plazo para un desarrollo económico sostenible se vea limitada por acciones aisladas y en ocasiones contrapuestas.
Proponemos un proyecto nacional que incluya el rompimiento de las barreras burocráticas, para generar una vinculación efectiva entre empresas y estudiantes, desde el inicio de su formación profesional y en concordancia con sus necesidades. Esta estrategia fomenta el empleo y motiva a los jóvenes a continuar con sus estudios, aumenta las posibilidades laborales y de obtener un mejor salario. Asimismo, se incentiva a las empresas a crear procesos de innovación y desarrollo a través de personal realmente calificado. Por último, se estimula la generación de empresas, ya que los egresados tendrán como opción iniciar sus propios negocios.
Para que estos esquemas sean efectivos, el Gobierno debe establecer las bases (reflejadas en una reforma laboral) para que las instituciones educativas se desempeñen como un ente articulador entre el sector social y el productivo, dando certidumbre a las condiciones de los trabajadores.
Ahora bien, el lento crecimiento económico, la insuficiente generación de empleos y su constante precarización, así como la producción de bienes y servicios con bajo valor agregado, son una muestra de las fallas estructurales que orientaron la producción hacia la exportación, deprimiendo al mercado interno.
Un sector productivo con bajo perfil, no es capaz de generar estabilidad y crecimiento de largo plazo, mucho menos de asegurar la soberanía alimentaria. No olvidemos que en México existen 23 millones de personas con ingresos insuficientes para cubrir el precio de la canasta básica, de los cuales el 66% vive en áreas rurales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario